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El pacto narcísico de la cisnorma

21 mar
7 min de lectura

Bruno Latini Pfeil

Cello Latini Pfeil


En este ensayo, nos proponemos denunciar lo que identificamos como el pacto narcísico de la cisnorma. Al igual que Cida Bento (2002) señala el pacto narcísico en las dinámicas de la blancura, reflexionamos sobre las dinámicas de autopreservación de la cisnorma como estructura histórica de opresión. Heredera de los rasgos de la blancura, y originada en ella, la cisgeneridad, al igual que otros marcadores sociales universalizados, opera mediante mecanismos de defensa, con el fin de garantizar su seguridad y dominación (KILOMBA, 2019).

Especialmente en los espacios académicos de producción de conocimiento, y también dentro de los estudios de género, la cisnorma no suele reconocerse, ni tampoco se reconoce su carácter histórico y construido. Denominamos «ofensa de la denominación» (PFEIL; PFEIL, 2022) a la negativa de la cisgeneridad a reconocerse a sí misma, lo que abarca el reconocimiento de sus impactos sociales, institucionales y políticos. Si la transexualidad se conceptualiza como una categoría diagnóstica, privándonos ofensivamente de nuestra integridad, se señala la cisgeneridad como una iniciativa de despatologización y desnaturalización. La negativa a reconocerse, que se produce a través de la ofensa de la denominación, se basa en un mecanismo de defensa típico del pacto narcisista, tal como se observa en la blancura. Del mismo modo, podemos extender las dinámicas narcisistas perversas a otros marcadores sociales de poder de la modernidad/colonialidad, como, por ejemplo: la heterosexualidad, la endosexualidad, la ausencia de discapacidades, la pertenencia a una clase social acomodada, entre otros. Hay, por lo tanto, dos objetos que deben analizarse: el pacto narcísico y la cisnorma.

En un primer momento, Cida Bento (2002) aborda el narcisismo desde una perspectiva freudiana, reflexionando sobre la constitución del ego. Según la teoría psicoanalítica, el aparato psíquico cuenta con tres estructuras: el ego, el id y el superego. El ego sería «la instancia psíquica que ejerce el control sobre todos sus procesos parciales, que por la noche duerme y aún así practica la censura de los sueños», escribe Freud (1923/2011, p. 20). El ego opera mediante el principio de realidad, mientras que el id opera mediante el principio del placer, de las pasiones. El ego se deriva del id, cuando este último no logra adquirir su objeto de deseo. Así, el ego surge como una alternativa para que el sujeto satisfaga sus deseos sin por ello traspasar las normas de la cultura. Como vía de escape a la melancolía resultante de la insatisfacción, se promueven identificaciones entre el ego y su objeto de deseo: el ego introyecta en sí mismo rasgos del objeto inalcanzable, construyendo así el superego. «Mientras que el Ego es esencialmente representante del mundo exterior, de la realidad, el Superego se le opone como defensor del mundo interior, del Id» (FREUD, 1923/2011); el superego se constituye de censura, culpa y moralidad, castigando al ego por la falta de frenos del id. En resumen, el narcisismo entra en esta cuestión como un mecanismo de defensa del ego contra los ataques punitivos del superego, a través de las identificaciones. Por medio del narcisismo, el sujeto se constituye colectivamente, se identifica con quienes lo rodean, introyecta rasgos de sus objetos de deseo y del lenguaje a través del cual se le interpreta el mundo.

En este sentido, el narcisismo es un componente fundamental de la constitución psíquica, ya que promueve el reconocimiento colectivo y la autoimagen. Sin embargo, como señala Bento (2002), existe una diferencia entre la formación de una autoimagen y la exclusión del otro por su diferencia. Así, el rechazo de aquellos en los que no nos reconocemos se produce por la deshumanización del otro, ya que, sin humanidad, se vuelve susceptible de ser explotado y descartado. Es en este momento cuando identificamos la proyección como un mecanismo de defensa del ego, muy presente en la formación de lo que Grada Kilomba (2019) denominó «alteridad». Las investidas del Id, al proyectarse sobre una figura externa al Ego, impiden que el Superego castigue al Ego en sí mismo, ya que este dirige su castigo hacia la figura externa. El otro, sobre el cual se alocan las proyecciones del ego, se convierte en el gran villano, la representación del mal, configurando, en definitiva, una «Otridad».

La proyección se produce a través de la negación: al negar cierto aspecto de uno mismo, lo proyecta sobre el otro (KILOMBA, 2019). La autora identifica este proceso en prácticas colonizadoras, como en la negación del lugar de violencia de los marcadores de la modernidad: cuando las personas blancas niegan su violencia y la desplazan hacia las personas negras e indígenas; cuando las personas cisgénero niegan su violencia y la asignan a las personas trans, como si estas fueran agresivas; y la lista continúa. Al no reconocerse como tal, ofendiéndose ante su propia denominación, la cisgénero se exime de su normalización y de su transfobia naturalizada.

La génesis del pacto narcísico opera, por lo tanto, a través de un malestar provocado por la incongruencia entre la proyección colonial y el individuo considerado como el Otro. Al ser distorsiones de la realidad, las proyecciones coloniales no retratan al Otro propiamente dicho, en su singularidad, sino que, en realidad, lo distorsionan. Aunque la diferenciación entre el ego y el otro es una etapa fundamental de la constitución del ego, es la pretensión de eliminar al Otro lo que caracteriza al pacto narcísico. Con esto se perciben dinámicas de «otredad», como muestra Toni Morrison (2019), en las que los sujetos que no reflejan la universalidad de lo que se entiende como «normal» son situados en este lugar marginado de anomalía.

Así, se observa la dificultad a la que se enfrentan las personas cis cuando se las denomina como tales. Al mismo tiempo, se percibe lo natural que se ha vuelto para las personas cis referirse a la transexualidad. Ante esto, Vergueiro (2015, p. 51) escribe que la categoría de cisgeneridad «ha tenido y tiene su uso cuestionado o ignorado a partir de dispositivos de poder que construyen los géneros no conformes como los únicos demarcables […] haciendo del silencio descriptivo la base de la cisgeneridad». Envuelta en silencio, la cisgeneridad permanece universal y natural, perpetuando su pacto narcísico del silencio —que no es tan silencioso. Es a través de este silencio descriptivo que la cisgeneridad se alía. Silenciando su nombre, nos nombra, sin dejar rastros. Así escribe Cida Bento:


El silencio plasmado en esta obra, la omisión y la distorsión del lugar que ocupan los blancos en el contexto de las desigualdades raciales en Brasil tienen un fuerte componente narcisista, de autopreservación, ya que van acompañados de un gran esfuerzo por posicionarse como grupo de referencia de la condición humana. (BENTO, 2002, p. 31)


Si aplicamos esta lógica tomando la cisnorma como objeto de investigación, podemos afirmar que las personas cisnormativas, a través de la omisión, distorsionan su ubicación social y sus impactos estructurales, recurriendo a mecanismos narcisistas de autopreservación y de exterminio del Otro. Y esto ocurre porque la cisnorma, en su blancura, constituye un grupo de referencia de la condición humana.

Necesitamos nombrar el pacto narcísico de la cisnorma en sus esfuerzos por perpetuar la designación patologizante y medicalizante de las personas trans, al tiempo que se ofende tremendamente al ser nombrada. A través de los mecanismos de defensa del ego, la cisnorma se defiende de su propia designación. La represión, uno de los mecanismos identificados por Kilomba (2019, p. 42), se refiere a la «defensa mediante la cual el ego controla y censura lo que se presenta como una verdad “desagradable”». Como ejemplo, observamos la agresión pública, especialmente de hombres cisgénero, contra las personas travestis. Se reprime en el Otro aquello que se repele en uno mismo. El colonizado se convierte tanto en objeto de exterminio como de deseo, pues refleja los deseos que el colonizador reprime. Se observa una dinámica de hipersexualización y atribución de agresividad a las personas negras, lo que también se refleja en el caso de las personas trans. La destrucción y la satisfacción conforman la represión: para que el deseo cese, es necesario que su objeto sea destruido. En este escenario, impera la culpa, instituyendo la moralidad superegoica y fomentando el odio contra el Otro.

Otro mecanismo que también se observa en la cisgeneridad es la negación, cuando las personas trans son excluidas de espacios feministas —a los que denominamos cisfeministas—. El cisfeminismo, al igual que el feminismo blanco, se presenta como universal, como si abarcara todas las corporalidades, y omite la violencia dirigida a las personas trans, negras e indígenas. Las cisfeministas recurrirían al narcisismo como estrategia de autopreservación, percibiendo a las personas trans como una amenaza para su lucha. Observamos cómo los mecanismos de defensa del ego explicados por Kilomba (2019) se reflejan en las dinámicas discriminatorias de la cisgeneridad hacia la disidencia de género. Nombremos e identifiquemos el pacto narcísico de la cisnorma y sus implicaciones.


Bibliografía

BENTO, Maria Aparecida S. Pactos narcísicos no racismo: branquitude e poder nas organizações empresariais e no poder público. Tese (doutorado) – Instituto de Psicologia da Universidade de São Paulo, Departamento de Psicologia da Aprendizagem, do Desenvolvimento e da Personalidade. São Paulo: s.n., 2002.

FREUD, Sigmund. O eu e o id. In: Obras completas, volume 16: O eu e o id, “autobiografia” e outros textos (1923-1925). Tradução Paulo César de Souza. São Paulo: Companhia das Letras, 2011.

KILOMBA, Grada. Memórias da plantação: episódios de racismo cotidiano. 1ª ed. Rio de Janeiro: Cobogó, 2019.

PFEIL, Bruno Latini; PFEIL, Cello Latini. A ofensa da nomeação. In.: MIRANDA, Eduardo O.; SANTOS, Marta Alencar dos; CASTELEIRA, Rodrigo Pedrosa (Orgs.) Enviadescer a Decolonialidade. Salvador: Editora Devires, 2022.

MORRISON, Toni. A origem dos outros: seis ensaios sobre racismo e literatura. São Paulo: Companhia das Letras, 2019.

VERGUEIRO, Viviane. Por inflexões decoloniais de corpos e identidades de gênero inconformes: uma análise autoetnográfica da cisgeneridade como normatividade. Dissertação (mestrado) – Universidade Federal da Bahia, Instituto de Humanidades, Artes e Ciências Professor Milton Santos, Salvador, 2015.


COMO CITAR ESSE TEXTO?

PFEIL, B. L.; PFEIL, C. L. El pacto narcísico de la cisnorma. Revista Estudos Transviades, 2023.


 
 
 

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ISSN 2764-8133

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